El trágico azar de Nagasaki

Tres días después de la primera explosión atómica que asesinó a miles de personas en Hiroshima se produjo la segunda explosión en Nagasaki.

Esta ciudad fue víctima del funesto destino de la mala suerte.

La explosión de Hiroshima producida luego de las amenazas de destruir varias ciudades con bombardeos convencionales, la amenaza de volver a usar la bomba, y la declaratoria de guerra de la U.R.S.S., no habían generado ningún pronunciamiento del gobierno japonés sobre su rendición incondicional, y el gobierno estadounidense decidió lanzar un nuevo ataque atómico.

La ciudad de Kokura era el objetivo original de Fat Man, el nombre clave de la segunda bomba y estaba prevista originalmente para ser lanzada el 11 de agosto, pero un reporte climatológico anunciaba frentes tormentosos, lo que derivó en la decisión de adelantar la misión dos días, al 9 de agosto.

A las 7 de la mañana levantaron vuelo varias fortalezas volantes B-29, una de las que llevaba la bomba, armada ya.

Kokura se encontraba con gran nubosidad por lo que se decidió sobrevolar el segundo objetivo, Nagasaki, planteándose la posibilidad de suspender la operación porque el avión que cargaba la bomba había comenzado a perder combustible por una falla mecánica.

A media mañana y ante el riesgo de volver apresuradamente con una bomba activada y no poder lanzarla sino varios días después se decidió proseguir con el plan. 

A las once de la mañana se hizo caer desde otro avión una carta con un paracaídas dirigida a un científico japonés, escrita por tres de los investigadores de la bomba, compañeros de universidad del primero, en el que le pedían que suscriba una nota dirigida al Emperador Hirohito en la que le transmita el verdadero poder destructivo de la tecnología desarrollada.

A las 11:01 de la mañana se dejó caer la bomba y 43 segundos después estallaba produciendo el segundo hongo atómico sobre una ciudad y segando la vida de entre 40 y 75 mil personas, a quienes se sumarían otras 80 mil hasta el fin del año.

El mismo día, el Emperador Hirohito autorizó a su canciller negociar con los estadounidenses la rendición, decisión que transmitió a su familia el 12 y a su país con un mensaje radial a medio mes.  La rendición se hizo efectiva a bordo de un navío militar.  Era la primera vez que un emperador japonés, figura divina asumía una decisión totalmente humana. Fue el inicio de un proceso de transformación social muy duro en el país. La carta dirigida al científico japonés, que fue interceptada por militares japoneses, le fue entregada recién un mes después. Pese a que Japón ya se había rendido, él la suscribió.

Javier Zárate Taborga

Escrito en agosto de 2015 y publicado originalmente en un blog fallido del autor.

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