Estridencia

Tu ausencia provoca mucho ruido.

Faltan tus sonidos.

La respiración al dormir

El gemido cuando te sentías en comodidad.

El quejido al ver algo tierno.

Ahora la televisión suena y cuando llega lo tierno extraña su quejido.

La comodidad no se encuentra, porque no se da cuenta cuál es, porque le falta su gemido.

El sueño se interrumpe y sobresalta, al faltarle la respiración.

Los sonidos ausentes son los que más bulla hacen. No es normal, es estridente, se hace notar. Es extraño. La ausencia del sonido es la que genera más estridencia. Se nota con más energía.

Mucho antes no podía soportar el repiqueteo interminable de una voz. Me generaba angustia, porque necesitaba de vez en cuando el descanso deseado de la interrupción, al menos para dejar que lo rompa yo mismo. Pero era difícil que el interesantísimo monologismo se interrumpa para conseguir el diálogo indispensable.

Me imagino que quien lidia con la administración ante su falta de respuesta sufre de forma parecida. Espera una respuesta que debería arribar hoy o mañana o pasado mañana, pero pasan los días y no llega, y no se escucha, y simplemente cuando uno se cansa se enfrenta a la negativa.

Es parecido al toque militar que angustia y te llama a que te mantengas callado por respeto o simplemente porque termina el día.

No es como ese espacio que no se llena en los pentagramas, sabedor que lo antecede una corchea y lo seguirá una blanca acomodada armónicamente para que el espacio en blanco sea más notorio.

Este no es perpetuo, y eso le da calma al alma…debe ser terrible enfrentársele. El imaginarse que nunca más sea posible escuchar lo necesario mete miedo, miedo a olvidar cómo era ese sonido que te llenaba, el que colmaba, el que era necesario e imprescindible, de palabra, de tacos sobre la madera, de susurro.

La vida enseña que es necesario. Hace sentir que a veces es imprescindible, principalmente porque después, pronto, se rompe y esa rotura lo llena, puede que con dureza, puede que con ternura, con energía o con calma, pero lo llena y esa plenitud es esencial.

Esto solo lo aprendes cuando te falta, cuando conoces a quien aspirabas, pero comienza a hacerte sentir que su presencia sea tan absoluta, que entiendes la necesidad del sonido. Lo disfrutas en el inicio, pero comienza a llenar tanto que lentamente se escurre en todos los resquicios. Y falta la voz para disfrutar el alimento, el son de esa canción, la sonoridad del reclamo, la resonancia del halago, el eco del encargo, el estruendo de la pasión, el estrépito del descuido, la reverberación que aturdía, el realce de la autenticidad, el rumor del secreto, el zumbido del quejido, el susurro del sentimiento. Hasta que te falta no te imaginabas que tanta estridencia podía emerger del silencio.

Javier Zárate Taborga

Escrito en La Paz en junio de 2020

4 comentarios sobre “Estridencia

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