Tenemos nombre pero no lugar —absorto en ese pensamiento solo se percata que bruscamente unos brazos le impedirán avanzar y escuchará un grito— ¡Cuidado!

Al reaccionar y caer en cuenta por el abrupto de detenerlo, es consciente que evitaron se disloque el lomo y pierda la vida. Se dará la vuelta a quien lo sostuvo —¡Joder! Gracias chaval—.

Tiene al frente un valle profundo, totalmente distinto de ese meseta casi plana que recorren hace semanas, jaloneados por vientos intensos que levantan la tierra y congelan a momentos hasta los pensamientos.

Quiere correr raudamente para tomar posesión, pero se quedará detenido en esa cornisa elevada. Se imaginará…

Dos torres con cúpulas de metal oscurecido. Otra, sola, en la calle del costado. Otra más, sin metal en la cúpula, la piedra expuesta, más alta, al otro lado de ese río de aguas transparentes. Las calles ordenadas solo alrededor de las cúpulas. Más allá, el orden no acompaña. Esta ciudad es infinita y se alejará pronto. Aparecerán casas hacia lo alto tan altas como nunca pudo verlas ni imaginarlas, unas sueltas y otras muy juntas, como panales de abejas. La ciudad será de terracota y se alimentará de sí misma, comenzará trepando de a poco los cerros hasta cubrirlos con una alfombra inalcanzable a los ojos. Con casas más grandes y más pequeñas, unas subidas sobre las otras, con techos brillantes al sol. Con calles que subirán y bajarán de esos cerros, rectas, curvas, más largas unas que otras, poco anchas, por donde fluyen sus gentes. Ellas, que no duermen, que la llenan como si fuesen los túneles de un hormiguero a cielo abierto, vendiendo, comprando, gritando, jugando, amando, bailando.

Tu nombre será tu contradicción, serás aguerrida, indolente a la vez de crisol de distintos. A quien le pidieron el nombre me imagino que no lo habría dado si te conociera. Arderás de pasión y violencia cuando lo toque, y de calma y templanza cuando se te exija.

Volverá a ver el abismo del que se salvó por los pelos y sentirá que el nombre ya tenía lugar. La Paz.

Javier Zárate Taborga

Escrito en La Paz a julio de 2020. Inspirado en Las Ciudades invisibles de Italo Calvino (1972)

Fotografía

Javier Zárate Taborga

2009. Su versión impresa se encuentra en Cuzco

4 comentarios sobre “

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s