La foto de tres hermanos

Acababa de correr una tradicional pedestre de la ciudad, llevaba su boina de paracaidista, una polera blanca con el rótulo del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas, su oficina por la que había corrido.

El menor tenía en la mano una botella de jugo que le había servido en un vaso desechable que tenía en la mano el mayor seguro aun agitado y sediento por el esfuerzo. El del medio estaba a su lado con sus lentes de aviador, muy de moda en esa época.

Estaban frente a El Diario, ese periódico centenario que organizaba la carrera.

El menor tiene aun una expresión de pequeño aunque acaba de superar la veintena. El del medio ya se nota más grande. Y el mayor se acerca a la cincuentena.

Más de una década antes el mayor abandonó a los menores y se siente en sus miradas, aunque no se vea la del medio, que ese abandono dejó mella.

Las miradas dicen que están porque hay que estar, acompañando a ese hermano mayor que no es su hermano mayor, pero que tampoco fue lo que era.

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